Artículos Poesía y literatura

Poema filosófico de la batalla contra la vejez de Sara Shamizi

No fui yo quien buscó la vejez, la vejez vino a mí
No le di pie, y ella se rió de mí

No dejé ni rastro de mí sobre la tierra
Ella dio conmigo y se apoderó de mi rincón

No vio de mi parte saludo ni mensaje, ¡qué extraño!
Entró en casa y se sentó en mi portal

Ni caso le hice, le di la espalda
Se acomodó en mi cabeza y se hizo amiga de mis cabellos

El primer paso que le vi fue la caída de mi pelo
El segundo paso, sembró nieve en mis guedejas

Y luego me acarició la cara y la cabeza
Y surcó de arrugas mi frente y mis cejas

Yo viví mi juventud y me adorné con colores y formas
Maquillaje y tatuajes se volvieron mi oficio y modelo

Poco a poco se acercó hasta robarme la vista
Me regaló unas gafas, como diciendo que ahora me cuida

Me habló al oído y me robó el oído
Luego, tomar infusión de mejorana se volvió mi remedio

Yo seguí mi camino sin importarme y con esperanza
Pero ella vino y sembró el dolor en mis rodillas

Los días me llevaron del jardín de rosas al arenal de espinas
De noche, por la picadura de las espinas, mi clavel se deshojó

Me hizo charla hasta clavarme las garras en la garganta
Mi voz, mi expresión, mi tono y mi charla se volvieron su presa

Ella se creía que yo ya había renunciado a la juventud
Así que me regaló un bastón para apoyar mi brazo

Su labor era destruir y la mía, aguantar
Hasta que la vencí y la encerré en mi fortaleza

A mí me importaba un bledo, ella se pensaba
Que soy un crío y que se ha vuelto el coco para mí

Yo redoblé mis esfuerzos y ella en la vida
Por casualidad cambió mi conducta y mi temperamento

Sara le preguntó al destino: ¿Cuál es el remedio y la solución?
Él dijo: No te rindas ante ella, lucha, mi señora

La gracia de Dios me ayudó en la batalla de la vida
Porque cada noche mi «Yahú» sube hasta el cielo

Este texto se ha traducido del persa con ayuda de inteligencia artificial y después se ha revisado. Leer el original