Soy uno de los opositores más firmes de la República Islámica y jamás olvidaré la opresión y los crímenes de este régimen. Aun así, debo ser sincero: no se puede ignorar la resistencia de este régimen frente a la presión y los ataques intimidatorios de Estados Unidos.
Pero esa resistencia tiene un coste, y ese coste no lo paga el gobierno. Lo paga el pueblo; un pueblo que sobrevive entre la pobreza, el desempleo y el miedo a las bombas y los misiles.
Dos potencias matonas se han enzarzado, y en medio de todo esto, las verdaderas víctimas son los iraníes. A nadie le importa su sufrimiento, ni en la Casa Blanca ni en la casa del Líder.
Y mi pregunta es: ¿a nombre de quién se apunta una resistencia cuyo precio paga el pueblo indefenso?